lunes, 30 de marzo de 2026

PSICOANÁLISIS | abordando el concepto de Acting-out

Introducción

El término de acting out nos llega de Freud —más exactamente de la traducción hecha por Strachey del agieren freudiano—. El concepto fue introducido en la teoría psicoanalítica por Freud en 1905, en el Epílogo del Caso Dora. Allí, Freud observa que la paciente, en lugar de traer a la conciencia sus recuerdos y fantasías durante el tratamiento, los escenificó a través de sus acciones. Este enfoque, que vincula el acting out con la transferencia y la resistencia, se desarrolla más a fondo en “Recordar, repetir, reelaborar” (1914), cuando Freud lo describe como un conjunto de acciones que el paciente realiza en lugar de recordar, lo que el analista esperaba que ocurriera en el proceso analítico. En esta variante resistencial del acting out donde se esperaría la emergencia de la palabra y el recuerdo, surge el acting como una expresión particular de la transferencia. Este enfoque se deriva del concepto freudiano de transferencia, concebida como una repetición de experiencias pasadas.

Si se reprime un recuerdo de sucesos pasados, estos pueden regresar por la vía de las acciones. Es posible hipotetizar que, cuando el sujeto no recuerda el pasado, está condenado a repetirlo actuándolo vía acting out. En oposición a esto, la cura psicoanalítica apunta a cortar el ciclo de la repetición, ayudando al paciente a recordar. De allí la relevancia del acting out en el tratamiento psicoanalítico. Pero, por más molesto que pueda presentarse este fenómeno para los analistas, no deja de ser una oportunidad de la que provechosos efectos pueden surgir si se aborda adecuadamente.

El acting out presenta un aspecto muy valioso, consistente en que tiene una direccionalidad. No es un grito al vacío, sino que está dedicado, muchas veces a los mismos profesionales. Se trata de un padecimiento expuesto bajo la insignia de la mostración. En este sentido, Leclaire (1997) aclara que es a través del acting out, que el sujeto puede mostrar su sufrimiento vía la acción. Ella no puede ser ignorada, convirtiéndose así, en un acto de transferencia. Dicha acción, puede aparecer señalando un error del analista, pero abre, a su vez, una oportunidad si este es correctamente leído.

La pregunta que guía este escrito radica en cómo servirse del acting out para que devenga una oportunidad y no solo un escollo en el tratamiento. Para ello se expondrán dos escenas recortadas de un caso clínico que se considera que tienen estatuto de acting out, lo cual se intentará argumentar teóricamente con el aporte de autores clásicos y contemporáneos de psicoanálisis de escuela francesa. Asimismo, se explorará el aspecto de oportunidad mencionado.

Articulación teórico-clínica

“Encontrar en un acto su sentido de palabra”

Florencia1 tenía turno a las 14 horas, en su horario habitual. Al llegar a la sala de espera del servicio de salud mental del hospital, se encuentra allí con un tumultuoso festejo a causa del día del amigo. Interpreta que el servicio de salud mental se encontraba fuera de funcionamiento por este motivo, y se retira sin dar aviso o conversar al respecto. De esta manera, pierde la sesión. Luego de un llamado telefónico para concertar un nuevo horario, Florencia concurre. Durante un análisis, el acting out suele ser una acción anterior o posterior a la cita con el analista que se relata casi como algo desapercibido. En general, esta tiene detalles que hacen que la convierten en una escena llamativa debido a que no es una conducta habitual (Almira 2012).

En el análisis del acting out de Florencia, su decisión de abandonar la sesión bajo la justificación de que el turno había sido suspendido por los festejos en el hospital puede ser comprendida a través de la perspectiva de J. A. Miller (2007). Este sugiere que la única interpretación del acting out es: “lo que ustedes dicen es verdad, pero no concierne a lo que está en juego” (124). Esta "puesta en mentira" se convierte en una escenificación que, aunque aparentemente justificada, encubre el verdadero conflicto subyacente en la transferencia.

Al indagar por sus acciones de la semana anterior ―retirarse del hospital sin presentarse en el consultorio donde tendría lugar la sesión―, surge nueva información, que no había compartido hasta entonces. Durante el fin de semana, había tenido ideación suicida con planes de arrojarse por el balcón de su departamento, acercándose a la ventana en varias oportunidades. A continuación, comienza a relatar, una tras otra, escenas donde la “dejaban plantada”, incumplían citas o acuerdos con ella, tema que ya había surgido anteriormente en el tratamiento, aunque de manera aislada y esporádica.

En primer lugar, se procederá a situar algunas definiciones y características del acting out para detectar si la escena se trata efectivamente de este fenómeno. Se describe como un actuar más bien imprevisto, que queda aislado. Una acción que se impone en la realidad del sujeto, a la manera de un guión a enseñar. Lacan (1962) resume esto con el término “mostración”. Esto indica que el acento está puesto aquí en el elemento visual, escópico.

En el acting out no se trata de significantes cuyo significado quedan opacos, se trata más bien de la exhibición de un significado muy claro, como el que se muestra en la viñeta, pero cuya causa constituye lo que es enigmático para el sujeto ―a veces, también para el analista―. Es un acto que tiene lugar con carácter inmotivado, a pesar de tener su causa. “El acting out contiene siempre un elemento altamente significante, precisamente porque es enigmático” (Lacan 1958, 428). En esta misma línea, Laurent (1994) hace hincapié en el concepto de acting out como recurso, usualmente impulsivo, que encubre una intención profunda que necesita ser descifrada.

Lacan plantea: “El acting out es esencialmente algo, en la conducta del sujeto, que se muestra. El acento demostrativo de todo acting out, su orientación hacia el Otro debe ser destacado” (Lacan 1962, 136). Asimismo, Soler (1988) hace alusión al concepto de acting out como un modo de comunicación entre el sujeto y el analista, donde se escenifica algo que no puede ser dicho vía la palabra. El acting out no es sin un Otro al cual se le dirige. A diferencia del acting out, el síntoma ni es llamada al Otro, ni es lo que muestra al Otro. El síntoma es goce, y "no los necesita a ustedes como el acting out, se basta a sí mismo". Este último, en cambio "es la transferencia salvaje". De ahí el problema planteado de cómo domesticarlo, "cómo se hace entrar el elefante salvaje en el cercado, cómo poner el caballo a dar vueltas en el picadero" (Lacan 1962, 139).

A su vez, se diferencia del pasaje al acto, comprendido como caída de la escena; en este no existe llamado, sino más bien una ruptura abrupta con la escena simbólica, una salida del campo del Otro que implica una acción que no busca ser interpretada ni dirigida a un interlocutor. "Todo lo que es acting out debe oponerse al pasaje al acto" (Lacan 1962, 135), ya que el primero implica un sostenimiento. Lacan lo ejemplifica con un llevar de la mano; es una forma de comunicación que ―aunque desafiante― mantiene al sujeto en relación con el Otro. Por el contrario, el pasaje al acto es una ruptura que deja al sujeto fuera del circuito de la palabra y la simbolización.

La pregunta central es cómo intervenir. Al respecto, Lacan recorta tres intervenciones que señala como inadecuadas: aunque el acting out se ofrezca a la interpretación, niega la pertinencia de interpretarlo como uno lo haría frente a un síntoma o formación del inconsciente. En segundo lugar, señala que no se debe prohibir y, por último, indica no incurrir en un reforzamiento del yo (Lacan 1962). El acting out se vincula con “la opacidad de lo reprimido” (Lacan 1960, 374-375), de allí que prohibir un accionar carece de sentido, ya que lo reprimido continuaría insistiendo.

La analista, en el caso de Florencia, opta por intervenir corriéndose de la serie de personas que la defraudaron en el pasado, y poniendo lo sucedido a trabajar. Al consultarle por su deseo de arrojarse por el balcón, lo asoció a la falta de respuesta de los mensajes que compulsivamente enviaba a distintos hombres. Alarmada por la posibilidad de que concretara lo que sólo había aparecido hasta entonces como ideas, la analista sugirió que intentara limitar el uso de su celular por algunos días. Se le aclaró que no se trataba de una orden ni de una indicación obligatoria, sino de una recomendación que se le ofrecía para que pudiera cuidarse y que sólo ella decidiría si la concretaba o no —en pos de que no cayera en la serie de quienes le decían lo que debía hacer, como lo eran su hermana y su jefa, quienes controlaban su ingesta de alimentos—. Se trató de una invitación y no de una indicación de parte de la analista, quedando del lado de la paciente la decisión final. Florencia tomó aquel recurso como propio y obtuvo resultados apaciguadores. Tiempo después, comenzó a manifestar que no le importaba tanto lo que los hombres le dijeran o pensaran de ella, a la vez que continuó implementado aquella estrategia construida con su analista.

En principio, la existencia del acting out que tuvo lugar al momento de retirarse intempestivamente perdiendo la sesión que tendría lugar en un consultorio solo a metros de donde ella estaba, abrió la posibilidad de la asociación. La paciente relata escenas donde se había sentido abandonada o víctima de ciertos incumplimientos. Su acting out le permite el reconocimiento de algo verdaderamente inconsciente hasta entonces y se abre una nueva vía de trabajo a partir del relanzamiento de la cadena asociativa.

El acting out (...) si bien llama a la interpretación, en esta singular concepción mostrativa del mismo, no es interpretable porque no se trata de un retorno por la vía significante. En tanto formación de la mirada, el acting out requiere una intervención que le otorgue un estatuto sintomático, que lo subjetivo de acuerdo con el estatuto de una pregunta que motive la asociación libre (Lutereau 2013).

El acting out se presenta como una manifestación que permite al sujeto confrontarse con aspectos de su historia que permanecen enigmáticos y no simbolizados. Según Miller (2003), es a través del acting out que el sujeto puede repetir lo no simbolizado de su pasado, acudiendo a la actuación en lugar de hablar de él. Este fenómeno puede ser entendido como una repetición que no sólo reitera el pasado, sino que también ofrece una oportunidad para su resignificación. La puesta en trabajo de la actuación permite, en palabras de Colette Soler (1988, 95), que "las representaciones de su pasado que había abandonado, donde no se reencontraba, donde no se reconocía, vuelve a habitarlas".

“El sujeto exige una respuesta más justa”

En una sesión, Florencia relata que se había ausentado en dos ocasiones a su empleo y que había permanecido en su domicilio. La analista sugiere que no resulta extraño faltar de vez en cuando al trabajo y que todos en alguna ocasión han puesto una excusa para ausentarse y descansar. De esta manera, se aplasta la singularidad ingresando a una generalidad impuesta por la analista que no surge en absoluto de los dichos de la paciente. Se intervino de esa manera porque se comprendió, erróneamente que se trataba de autocastigarse con la exigencia habitual de Florencia, y se intentó aliviarla. Por querer “reducir a su paciente con los medios de la verdad (…) deja intocado el problema” (Lacan 1962, 138). A la sesión siguiente, la paciente refirió que se había ausentado nuevamente a su trabajo — sumando 3 veces en 10 días—. Comentó que, lejos de haber disfrutado su día de descanso, se había sentido “deprimida” y había pasado todo el día en cama.

Lacan (1962) sostiene que no hay que molestar inconsideradamente la causa del deseo. Se puede decir que el acting out porta un “valor correctivo” ante una mala lectura de la analista (Lacan 1958, 580).

Lo importante es que el analista registre el acting out y lo inscriba, lo aprecie a título de los efectos del trabajo analítico. La analista optó por señalar que podían continuar trabajando para ver de qué se trataban sus ausencias al trabajo, ya que seguramente había algo que estaba pasando inadvertido para ella. La respuesta constituida por el acting out vale como advertencia, a saber, que no hay que adoptar una segunda vez el mismo camino interpretativo. Se distingue del acto fallido por su naturaleza de mensaje intencionado, lo que lo hace especialmente relevante cuando ocurre durante un análisis, ya que está dirigido específicamente al analista “en la medida en que éste no esté demasiado mal situado, pero tampoco está del todo en su lugar. En general, es un hint que nos lanza el sujeto, y a veces llega muy lejos, a veces es muy grave” (Lacan 1958, 429).

Se trata de intervenciones que manifiestan prejuicios de saber del analista y que, por ese motivo, no toman en cuenta los significantes de la palabra del analizante. Lo que está bien indicado aquí es que el acting out, como escena demostrativa, es un mensaje dirigido al Otro, o sea a la analista ―convocada como espectadora―. Si bien hay sujeto que se dirige al Otro, el acting out nos muestra el cortocircuito en la imposibilidad del Otro de acoger, de escuchar cierta verdad del sujeto (Muñoz et al. 2011).

¿No sería el acting out lo que señala precisamente lo que se ha dejado escapar? (...) El sujeto, a pesar suyo, de una forma sin lugar a dudas inconsciente, idéntica a un acting out, cuando algo no ha sido tocado en un análisis muestra que se hubiera debido escuchar alguna otra cosa (Lacan 1958, 499- 500).

Rescatando la utilidad de esta escena mostrada a la analista, puede ubicarse la cadena asociativa que se abrió a partir de dicho fenómeno. Florencia habló de una madre ama de casa que no hacía más que permanecer en su vivienda sin realizar más actividades que el cuidado de la casa luego de que sus hijos fueran grandes, en el que era ayudada por una empleada doméstica. Esta historia de su madre se encontraba condicionando, de manera oculta, su accionar. El acting out y su tratamiento permitieron que esto se develara, y que esta conducta se esclareciera y cesara.

En ese sentido, el acting out es una respuesta dirigida al analista, una respuesta que, como tal, no se presenta a cara descubierta. Se produce cuando no se aborda algo en el registro simbólico, sino en el plano de la realidad. Por consecuencia, debemos integrarlo a la serie de los fenómenos de transferencia. Un analista no decide en qué lugar transferencial quedará ubicado por el paciente, pues presta su persona “como soporte a los fenómenos singulares que el análisis ha descubierto en la transferencia” (Lacan 1958, 561), pero sí es posible leer dicho lugar y maniobrar la transferencia. Es en este sentido que Lacan sostiene que el analista paga con su persona.

Por último, el acting out implica un sostenimiento, un llevar de la mano sin caída de la escena. Si implica una exigencia de respuesta, podemos leer allí una especie de reclamo al Otro, una demanda; demanda al Otro que se reubique (Muñoz et al. 2011). Si bien hay sujeto que se dirige al Otro, el acting out nos muestra el cortocircuito en la imposibilidad del Otro de acoger, de escuchar cierta verdad del sujeto, respecto de su deseo.

Conclusión

Se pudo observar en la segunda viñeta presentada como el acting out representó un error por parte de la analista, quien es convocada como espectadora de una escena a ser mostrada, y el acting out como una respuesta a dicha equivocación. El acting out da a oír a otro, que aparece como sordo. Se trata de una demanda de simbolización que es exigida en una transferencia salvaje (Lacan 1962). Pero sin quedarnos únicamente con la acepción del error, se logró evidenciar en ambas viñetas la utilidad clínica de este fenómeno si se maniobra apropiadamente la transferencia, relanzando la cadena asociativa y abriendo nuevas vías de trabajo en el tratamiento analítico. La actuación permitió un acercamiento a lo que no podía ser dicho o simbolizado. Esta reflexión subraya la importancia de comprender y abordar el acting out como un vehículo para el avance de un análisis, así como la necesidad de una supervisión cuidadosa de la relación transferencial para aprovechar su potencial transformador. Para finalizar, se expone un fragmento del autor contemporáneo Maltz, cuya sencillez no la hace menos sólida en su contenido: “el material psíquico se presenta como puede” (Maltz 2023): palabras, gestos, sueños, acciones u omisiones representan un valioso material. Temer o molestarse por escenas desafiantes o incluso peligrosas para el analizante, devendrá en un desaprovechamiento de dicha materia prima. En este caso, es turno del analista de ser “paciente”, no intervenir rápidamente, no “comprender” ―en la acepción lacaniana del término―, ni temer o retroceder.

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