Quizá escuchamos la sirena de una ambulancia y solo eso nos haga venir al cuerpo una sensación de angustia inexplicable, que nos retrotrae al recuerdo de aquella vez que acompañamos a alguien a emergencias. Esta reacción es una huella marcada a fuego en nuestro cerebro emocional que nos hace retroceder a un momento doloroso o traumático del ayer. La mente nos hace reaccionar con intensidad cuando exponemos a situaciones semejantes a aquella que nos infligió dolor. Son “traumas” de otro tiempo aún no resueltos.
Conceptualización
Definición
Los triggers son estímulos o situaciones (palabras, olores, lugares, situaciones, personas) que producen respuestas emocionales intensas en las personas y están asociados a experiencias pasadas. Pueden variar en cada individuo y están estrechamente relacionados con eventos traumáticos o experiencias negativas en la vida de las personas.
Los triggers activan de forma automática e intensa recuerdos traumáticos o emociones desproporcionadas, provocando ansiedad, miedo, ira o parálisis. Funcionan como mecanismos de defensa del pasado que se reactivan, indicando la necesidad de procesar una herida emocional no sanada. En este sentido, un trigger puede ser algo tan sencillo como el olor del pan recién horneado que percibimos pasando por una panadería y que nos impide resistir este rato, para hacer la compra.
Las industrias grandes y pequeñas hacen uso de nuestros triggers emocionales todo el tiempo, que pueden ser colores, olores, sonidos o mensajes que nos llevan a tener determinada reacción de manera inconsciente y (casi) incontrolable. Pero los triggers emocionales no solo son estímulos sensoriales que encontramos en los comerciales. Un trigger para ti puede ser el tono de voz de una persona o que alguien alce la voz frente a ti, así como el olor de un perfume que te hace acordar de alguien. Se convirtieron en triggers porque son estímulos que conectas con alguna/s experiencia/s del pasado.
Conviene añadir que también se les conoce coo desencadenantes emocionales o disparadores emocionales.
Gabriela Goldstein, psicoanalista y presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó a Infobae: “Lo que “gatilla” el trigger o reacciones emocionales, es singular en cada persona, y en distintos momentos de su vida. Cuando hablamos de triggers, nos referimos a reacciones en el sentido de cierto automatismo, donde no tiene lugar la reflexión, el pensamiento o decisión”, señaló la especialista y agregó que pueden disparar efectos emocionales, reacciones violentas, o psicosomáticas, que pueden ir desde el ataque a la huida, que son las reacciones primitivas ante una agresión.
“Esto significa que lo que dispara estos efectos tiene alguna relación con algo traumático o temido. En algunos casos, en estado de estrés o agotamiento, impiden la posibilidad de recurrir a la palabra, manejar la situación o medirla”, señaló.
Diana Litvinoff, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina dijo a Infobae: “Cualquier estímulo puede generar una reacción; eso en psicoanálisis se llama transferencia. Todo estímulo puede desencadenar reacciones afectivas de acuerdo a la historia de cada persona, predisposiciones, prejuicios, es una interacción entre el estímulo y la persona. Hay quienes son especialmente sensibles, entonces tienen una falta de protección ante los estímulos y resultan muy vulnerables. En ese caso es conveniente que consulten a un psicoterapeuta”, recomendó.
¿Qué generan?
Estos disparadores generan reacciones emocionales desproporcionadas de manera automática, acompañadas de una sobreactivación a nivel fisiológico. Esto sucede porque suelen activar recuerdos de la memoria traumática que no están procesados o integrados.
¿Cuáles son?
Un disparador emocional puede ser ir en el metro y ver a dos personas mirarte y después reírse y asociarlo inconscientemente con recuerdos del bullying sufrido en el colegio, puede ser que alguien te toque o se acerque demasiado y sin permiso, un olor, una película, ver una noticia sobre una agresión o sobre una tragedia. Un disparador puede ser también un tono de voz elevado y agresivo, una mirada, una risa, que no contesten a un mensaje o que nos den muchas negativas para quedar. Como veis hablamos de distintos niveles de gravedad en función del trauma vivido en etapas anteriores y su procesamiento o no.
Aspectos clave de los triggers
Reacción Inconsciente: La persona a menudo no entiende por qué reacciona exageradamente; es una respuesta automática a memorias no integradas.
Origen Postraumático: Suelen estar ligados a eventos impactantes, asociando un estímulo actual con una experiencia pasada.
Sintomatología Física: Pueden provocar taquicardia, sudoración, náuseas, temblores, vacío en el estómago o mareos.
Ejemplos Comunes: Un tono de voz agresivo, el olor de un perfume, una fecha específica, o el rechazo (ej. que no contesten un mensaje)
Estrategias de Gestión
Identificación: Reconocer qué situaciones, personas o emociones inician la reacción.
Consciencia Corporal: Detectar las señales físicas (temblores, calor, taquicardia) para pausar antes de actuar impulsivamente.
Respiración y Anclaje: Conectar con el presente ("esto está pasando ahora, no en el pasado") y respirar conscientemente.
Terapia Profesional: La terapia Cognitivo-Conductual o el psicoanálisis son útiles para desanudar las asociaciones traumáticas y aprender nuevas formas de afrontamiento.
Nota: Los "trigger warnings" (alertas de contenido) son advertencias para evitar que personas con traumas específicos reexperimenten sensaciones dolorosas al consumir cierto material.
¿Por qué se originan?
Los triggers surgen a través de experiencias muy particulares de nuestra vida, donde conectamos el estímulo a algún evento impactante o alarmante que sigue. Por ejemplo, el sonido de la llave abriendo la puerta de la casa, porque “siempre que papa llegaba a casa, comenzaron las peleas y tenía que esconderme. El sonido de cómo abría la puerta fue como la campana que dio inicio al escenario.” (testimonio de un cliente).
Para una persona que en su infancia tuvo una experiencia así, este trigger (sonido de la llave), ya en su vida adulta, desencadena las mismas emociones que vivió de pequeño/a, como pueden ser miedo y el deseo de salir corriendo. Pero los triggers también pueden ser posturas o formas de trato durante una conversación. Como una persona te habla, su tono de voz o el rol que te asigna en la conversación.
Por ejemplo, cuando alguien te habla ininterrumpidamente y no te sientes escuchado/a, así como te pasó con tu madre cuando eras adolescente. Cuando alguien te hace una broma pesada y de repente te sientes humillado/a, aunque la broma tal vez no fue tan grave, ni con esta intención. Pero tú sufriste acoso en el colegio y eso te hace revivir la misma sensación de vergüenza que provocaron tus compañeros en ti.
El licenciado Alexis Alderete (MP 85367), psicólogo especialista en trastornos de ansiedad y entrenamiento en habilidades en Fundación Foro, explicó a Infobae:”Las personas atravesamos diversas situaciones durante nuestras vidas, algunas de ellas superan las habilidades de afrontamiento que tienen los sujetos, por ende, quedan como recuerdos traumatizantes que cuando hay algún evento o situación similar, desencadena los mismos procesos emocionales que el trauma vivido”.
Gabriela Goldstein, señaló: “Es parte de la condición humana estar expuesto a la adversidad, o los malestares en la cultura y la vida social, y esto puede sucederle a cualquiera, pero no todos reaccionamos de la misma manera. Algo que gatilla la violencia en una persona, por ejemplo, no le importa a otra”, afirmó la psicoanalista y agregó que también existen disparadores generales, como son por ejemplo, una guerra, un desastre natural o artificial.
Por su parte, Litvinoff declaró en cuanto a las causas de los triggers: “Hay figuras que desencadenan reacciones de autoridad paterna, son las transferencias, como un médico, un presidente, un policía. Hay estímulos que se llaman “dejá vu”, que provocan la sensación de que esa situación ya la hemos vivido con anterioridad. Depende de recuerdos personales”.
Según el licenciado Alderete, las situaciones que pueden iniciar los desencadenantes emocionales son:
- Eventos traumáticos pasados: Situaciones que se asemejan o se relacionan de alguna manera con eventos traumáticos previos pueden actuar como desencadenantes emocionales. Por ejemplo, si alguien ha experimentado un accidente automovilístico, ver o escuchar un choque similar podría desencadenar respuestas emocionales intensas.
- Estímulos sensoriales: olores, sonidos, imágenes o texturas, pueden evocar recuerdos o emociones asociadas con experiencias pasadas. Por ejemplo, el olor de una colonia en especial puede desencadenar recuerdos y emociones vinculadas a una persona o un evento significativo.
- Palabras o frases específicas: pueden tener una carga emocional fuerte debido a experiencias previas. Escuchar o leer estas palabras puede desencadenar respuestas emocionales negativas o traumáticas.
- Fechas o aniversarios: ya sea de eventos traumáticos o días relacionados con experiencias dolorosas, pueden generar respuestas emocionales intensas. Las situaciones traumáticas que más aparecen en las sesiones de terapia son las fechas de la muerte de un familiar, por ejemplo, el día de cumpleaños de la madre fallecida.
¿Qué dificultad presentan?
La dificultad inherente de trabajar los disparadores emocionales es que cuando la persona llega a consulta los desconoce, son la mayor parte de las veces inconscientes y por tanto no sabe como regular todo lo que se genera a continuación de experimentarlo.
Las consecuencias de experimentar un disparador emocional son:
- Aumento de la impulsividad
- Congelamiento o parálisis
- Aumento de los niveles de ansiedad y angustia
- Rabia y/o vergüenza
- Miedo, sensación de inseguridad o de sentirse amenazado, indefensión
- Autolesión o intento de suicidio
Principales síntomas
“Los desencadenantes emocionales pueden ser únicos para cada individuo y variar en intensidad y efecto. Algunas personas pueden ser más sensibles a ciertos desencadenantes que otras”, explicó el licenciado Alderete. Según el especialista, los síntomas de los desencadenantes emocionales pueden incluir:
- Respuestas emocionales intensas: una reacción emocional desproporcionada para la situación que se está viviendo.
- Recuerdos intrusivos o flashbacks: Están asociados con recuerdos vívidos y perturbadores del evento traumático pasado. Pueden surgir de manera espontánea y provocar angustia significativa sin razón aparente y sin que la persona pueda tener un control de los mismos.
- Evitación de algunas situaciones: las personas pueden llegar a evitar situaciones o estímulos que les recuerden el evento traumático pasado o situaciones similares para no enfrentarse a la activación de los desencadenantes emocionales, por ejemplo, no pasar por determinada calle donde le robaron.
¿Qué significa “estar triggered”?
Que te sientas triggered significa que alguien o algo “apretó un botón” que desencadena en ti una reacción emocional, por lo general muy desproporcional, ante el evento. Como describí en el ejemplo previo: Que escuchas alguien abrir una puerta no debería dar miedo y ganas de salir corriendo. El trigger es entonces el estímulo que conecta una sensación automáticamente con una reacción emocional involuntaria. Es el punto inicial de una vía que se ha trazado neurológicamente en ti. En tu pasado esta conexión se realizó por una amenaza o experiencia real, pero en tu vida actual ya no tiene sentido.
Ahora, reacciones emocionales, desproporcionados e involuntarias obviamente pueden producir malentendidos. Son estos momentos cuando nadie entiende que te pasa, de repente te sientes mal, incómodo/a, con ganas de llorar, gritar o quieres salir corriendo. Las formas de reaccionar pueden ser muy diversas, pero siempre se trata de una sensación que te sobrepasa de repente.
También puede ser que sea alguien quien te cae mal y no sabes muy bien por qué. Seguramente dispara alguna sensación en ti (miedo, inferioridad, ganas de competir, etc.). Una reacción muy común que tenemos cuando nos encontramos en este estado, es que culpamos a los demás: “Tu me hiciste sentir así.”, “Tu me provocaste.”, “Tu deberías saber que eso me afecta.” Pero los demás no tienen la culpa de nuestros triggers y no es su responsabilidad cuidarnos en este sentido.
¿Cómo dejar de seguir ciegamente a tus emociones cuando te sientes “triggered”?
Todos tenemos situaciones o estímulos que nos “triggerean” y es únicamente nuestra responsabilidad trabajar en ellos y darnos en estos momentos lo que realmente necesitamos. Si parece que en este momento necesitamos explotar y no queremos hacer daño a otras personas, ¿qué alternativas hay?
Paso uno: entender que no es la situación, eres tú
El primer paso es centrarnos en la situación. Poder identificar que lo que sientes en este momento no es por la situación en sí, sino porque tú asocias algo con esta sensación que viene de una experiencia personal tuya. Eso en un inicio no es tan fácil, porque primero tienes que conocer tus triggers. Recuerda momentos en el pasado donde reaccionaste de manera desproporcionada o dónde otros te dijeron que exageraste.
Tal vez hay situaciones específicas donde ya sabes que siempre te pones nervioso/a, enojado/a, con ganas de salir o en los que te sientes de alguna otra forma incómodo/a. Las sensaciones que nos produce un trigger pueden ser muy distintas, por eso también ayuda registrar con atención qué exactamente es lo que sientes en estos momentos.
Paso dos: conectar con el cuerpo y centrarse en la respiración
Una reacción común cuando nos sentimos disparados y ya lo identificamos es luchar activamente contra esa sensación. Por ejemplo, ya te encuentras en un momento donde te diste cuenta que alguien apretó un botón o un punto débil en ti e intentas de sobrellevar la ansiedad que te produce, al hacer como que nada ha pasado. Tal vez te dices algo como: “ok, te sientes provocado, pero ahora debes mantener la calma.” O simplemente repites mentalmente este mantra “mantén la calma, mantén la calma…”
Puede ser útil recordarte a ti mismo/a, que no quieres sobreactuar o explotar en este momento. Al mismo tiempo, tiene el efecto de la olla de presión porque no te permites sentir lo que sientes en este momento y haces finalmente un doble trabajo al contener la emoción y seguir el hilo de la conversación intentando que nadie lo note.
Una alternativa es reconocer con presencia y aceptación. Es decir, en vez de luchar contra la emoción, te sientas con ella. Eso es diferente que sacarla o repremirla. Sentarse con la emoción significa reconocerla, sentirla y aceptarla sin expresarla directamente. Puede ser diciéndote algo como: “Oh, eso lo que me dijo esta otra persona fue un trigger para mí, siento ganas de… (correr, atacar, estoy congelado, etc.).” Es reconocer lo que pasó y entender qué sientes sin juzgarte.
Entonces pon mucha atención: ¿qué siente tu cuerpo en este momento? Tal vez te sudan las manos, se acelera el ritmo cardíaco, te pones inquieta, quieres dar un paso atrás o alejarte totalmente del sitio. No hace falta luchar demasiado contra la emoción en este momento, porque emociones son como olas que vienen y se van. Si te sientas con tu emoción y te centras en tu cuerpo y tu respiración por este momento, le das un espacio. Este rato muchas veces no puedes hacer nada más, simplemente confía que la emoción se va a ir más tarde o temprano.
Paso tres: escuchar qué necesitas ahora
Al estar conectado con tu cuerpo y tu respiración se te hará más fácil identificar qué es lo que realmente necesitas. Tal vez de verdad necesitas alejarte un momento, estar a solas hasta que pasa la ola de emociones. Tal vez te ayuda algún movimiento o caricia, como darte un abrazo a ti mismo, tu mano en el corazón o tomar algo de distancia. Puedes decir algo como: “Con eso que paso ahora me siento un poco abrumado/a, voy a darme una vuelta para irlo procesando.”
No se trata de huir de un conflicto, pero en una situación donde estás triggered, no puedes esperar demasiado de ti. Estás en alerta y no es una condición donde vas a estar en el mejor momento para resolver un conflicto. Atenderte a ti mismo en este momento y esperar que pasa la tormenta interna es lo mejor que puedes hacer.
Paso cuatro: explorar la situación por medio de preguntas
Tomo como ejemplo una situación que puede ser un trigger para muchas personas. Un/a colega nos da una mala retroalimentación de nuestro trabajo indicando algo como: “En punto A y B debes mejorar.” Para muchos, la crítica del trabajo (por más constructiva que sea) es un trigger, porque indirectamente nos dice que “nos falta”, lo que desencadena sentimientos de culpa o vergüenza que pueden ser muy incómodos. Una reacción muy común ante este trigger es que comenzamos desesperadamente a defendernos, justificar nuestras decisiones o presuntas falencias y dar explicaciones largas de por qué y cómo es que trabajamos así, pese a que hubiera sido suficiente con dar una respuesta corta como: “Gracias por decírmelo, lo revisaré.” En una situación así pueden ayudar las siguientes preguntas: ¿Eso que paso ahora, qué desencadenó en mí (qué sentimientos)? Una posible respuesta: Me sentí ofendido, con miedo que puede pasar por esta observación.
¿Por qué lo desencadeno en mí?, ¿Cuál es mi asunto personal, que me llevó a tener esta reacción? Porque despierta en mi un miedo de no ser lo suficientemente bueno, que me falta y que estoy expuesto. ¿Por qué esto es algo importante para mí? Es importante para mí, ser bueno y sentir que soy suficiente, porque cuando me dan a entender que me falta, lo relaciono con rechazo y miedo a ser excluido/a. Este proceso de exploración ayuda nuevamente a conectar con uno mismo dentro de la situación e introducir algo de razonamiento lógico. Ya no te juzgas, ni te asustas por lo que sientes, sino lo puedes poner en contexto.
Trabajar en los triggers es un proceso
Seguir estos pasos tal cual los describí significa comprometerse con un trabajo de conocimiento personal diario. Implica poner atención a nuestras formas de reaccionar en diferentes circunstancias y dar un paso atrás para la autoobservación. Cuando recién comienzas a trabajar en tus triggers es muy probable que no te des cuenta en el momento justo cuando sucede sino después.
En este caso puedes seguir los pasos también después, aunque ya no sientes los mismo que durante la situación. Puedes acordarte del momento y registrar qué fue lo que pasó contigo. Con la práctica aumentará tu presencia en estos momentos y lograrás prevenir. También es importante compartir estas observaciones con alguien. Puede ser con amigos que están en un proceso parecido o con un procesional como parte de una psicoterapia.
¿Cómo se trabajan en ellos?
Lo más importante es trabajar la toma de conciencia sobre lo que le pasa, primero identificando cuales son las emociones y las conductas desencadenadas, ya que es la información más accesible y consciente para el paciente.
A veces los profesionales utilizan autoregistros de situaciones de la vida cotidiana porque muchas veces la problemática va asociada también con olvidos o problemas de memoria. Por tanto se enseña al paciente a revisar cuál fue la emoción que sintieron y cuál fue la conducta asociada, si sintieron mucha rabia y terminaron haciéndose daño o rompiendo algo, si sufrieron una disociación y se pusieron en posición fetal o se quedaron congelados. Una vez definida esta parte, que muchas veces resulta complicada por la dificultad de estas personas para mentalizar y conocer sus propios estados mentales, se hace un rastreo de situaciones que han podido ser desencadenantes mediante preguntas. ¿ese día recuerdas que pasase algo que te afectó?¿estuviste con alguien?¿que hiciste durante el día? ¿Qué pasó justo antes de encontrarte así?
Los triggers son el síntoma de una realidad psicológica subyacente que debe tratarse. Se los considera el mecanismo indicador de que hay algo por resolver, que impide adaptarse y tener una vida funcional y satisfactoria. Una de las estrategias para su afrontamiento es saber qué los genera porque solo así será posible comprender el origen de la herida.
Para Goldstein gestionarlos es difícil: “Implica un trabajo con uno mismo y con un especialista, para discernir si son conductas que se repiten, o es algo esporádico, que ocurre debido a una situación particular, con carga traumática. El psicoanálisis trabaja en el sentido de entender, entenderse y descubrir las causas de estas reacciones, y si bien en general educar es “un imposible” para Freud, podemos aprender de la experiencia, según el psicoanalista Wilfred Bion, y trabajar interdisciplinariamente para desanudar lo que quedó ligado a reacciones primarias. También la creatividad, el trabajar en algo que nos dé placer y pueda expresar emociones de manera sublimada, es otra posibilidad importante con la que podemos contar”.
La terapia cognitiva conductual será efectiva en caso de que los detonantes emocionales tengan como origen la ansiedad. Con ella, es posible manejar esos pensamientos y creencias disfuncionales, para regular mejor las emociones y conductas.

Algunos consejos del licenciado Alderete para gestionar los desencadenantes emocionales son:
- Autoconciencia: Hay que intentar identificar los desencadenantes emocionales y comprender cómo afectan a la persona, esto se puede desarrollar con la habilidad de observación de los pensamientos o emociones que van surgiendo en diferentes momentos del día. Estar consciente de las propias respuestas emocionales es un primer paso.
- Técnicas de relajación y mindfulness: Hay que aprender y el terapeuta debe enseñar a sus consultantes técnicas de relajación para atravesar las situaciones críticas como la respiración profunda, la meditación o el yoga. Estas prácticas están para ayudar a reducir la ansiedad y el estrés asociados con los desencadenantes emocionales.
- Creación de hábitos diarios: Hay que inculcar en las personas que todos los días puedan tener hábitos saludables para poder usarlos como descarga emocional, hacer ejercicio regularmente, descansar lo suficiente y participar en actividades que resulten placenteras.
Conclusiones
Una vez que logramos identificar ciertos disparadores, existe un gran margen de maniobra en terapia, porque suelen repetirse, por tanto la persona puede trabajar las asociaciones, hacer consciente lo inconsciente y regularse mejor desde conocer que le afecta. Además de cara al procesamiento de recuerdos traumáticos esto ayudará al paciente a seguir trabajando dianas de recuerdos traumáticos diferentes así como eventos asociados.
Bibliografía
Lectura complementaria
¿Qué son los disparadores psicológicos o mental triggers?
El trigger en marketing: la apuesta por el trato personalizado
Trigger warnings: definición y uso en la actualidad
Trigger: ¿Qué es y para qué sirve? / Ámbito jurídico