El ser humano es como un imán magnetizado, tiene el poder de atraer y de rechazar
las vibraciones. Las vibraciones positivas o negativas se expanden en todas
direcciones influyendo para bien o para mal en las demás personas.
Las vibraciones forman un aura alrededor del cuerpo y ningún pensamiento negativo
puede penetrar en el aura positiva. Si vibras en positivo, nadie podrá causarte daño,
pero si temes o dudas de tu poder, entonces, eres vulnerable.
Existe un principio básico según el cual, el pensamiento es el principio de toda
creación. Las ideas son fuerza, energía, acción; cuando pensamos en positivo, la
energía es creadora, sanadora. Si nuestro pensamiento es negativo genera angustia
y enfermedad. Se cree que el 90% de las enfermedades obedecen a las
somatización de energía psíquica negativa; por tanto, la clave de la salud y del éxito
está en una programación positiva.
"El ser humano es un campo de energía magnética, cuanto más sensitivo se hace
mejor transmisor y receptor es.
La mente produce una energía psíquica formada por sustancia muy sutil, que puede
trasladarse en forma instantánea, venciendo todas las barreras, desde la mente del
emisor hasta la mente del receptor. Esta transferencia puede ser positiva o negativa,
dependiendo de los sentimientos y de la intención del emisor.
Por medio de repeticiones constantes, establecer un patrón de conducta
subconsciente, capaz de producir verdaderos milagros.
Esta técnica fue aplicada en el siguiente caso: Muchas madres que trabajaban en
una fábrica, regresaban muy tarde a su casa, por lo que no podían dar a sus hijos el
afecto y los cuidados que necesitaban. Esta pobre relación entre madres e hijos dio
origen a una carencia afectiva; los hijos no se sentían queridos. Este sentimiento
comenzó a repercutir en los estudios y en la conducta. Las madres angustiadas
acudieron al psicólogo de la empresa, quien les enseñó a funcionar en onda Alfa.
Aprendieron a relajarse y a descender al nivel subconsciente; a visualizar sus hijos
en una pantalla, a rodearles de luz blanca y a enviarles pensamientos positivos
cargados de fe y de afecto. No importa si en ese momento la persona está dormida
o despierta. Los pensamientos positivos penetraron en el subconsciente de sus hijos
y éstos cambiaron radicalmente, porque en su interior se sentían queridos. Estos
pensamientos, una vez grabados, permanecen activos y emiten ondas positivas que
se irradian a toda la persona, produciendo un estado de paz, de energía, de fe...
Todos los seres humanos poseemos este poder mental, pero necesitamos liberarlo,
desarrollarlo y proyectarlo en las condiciones señaladas de fe, relax y amor.
Proyectarlo primero sobre nosotros y después sobre los demás.
Cómo proyectar el poder mental sobre sí mismo
1. Recordar con frecuencia todo lo que somos y tenemos.
2. Traer a la mente los mejores recuerdos de nuestra vida.
3. Hacer balance de los éxitos logrados.
4. Activar ilusiones, proyectos y esperanzas...
5. Alimentar constantemente la alegría de vivir.
6. Cultivar principios y valores porque constituyen la estructura de la personalidad
7. Pensar, hablar y relacionarse siempre en positivo.
Si haces todo esto serás invencible y no tendrás que preocuparte por lo que ocurre
en el mundo que te rodea. Lo que importa verdaderamente es lo que ocurre en tu
mundo interno. Si tienes control sobre tus ideas y tus sentimientos serás poderoso y
nada ni nadie podrá hacerte daño.
Cómo proyectar el poder mental sobre los demás
El poder mental es una fuerza que se proyecta en forma de vibraciones y llegan al
subconsciente de las personas, allí se activa y comienza a influir en la dinámica
mental de las personas. La fuerza o intensidad de las vibraciones depende del
poder mental que tiene la persona que las emite. Las vibraciones pueden ser
positivas o negativas, dependiendo de la intención de la persona que las emite.
La influencia que ejercen las vibraciones en el receptor depende de su consistencia
mental. Las personas temerosas e inseguras son muy influenciables, mientras que
las personas seguras están más protegidas contra cualquier influencia externa.
Como indicamos al principio, las vibraciones positivas forman un aura alrededor del
cuerpo y ningún pensamiento negativo puede penetrar en el aura positiva; por tanto,
si vibras en positivo, nadie podrá causarte daño, pero si temes o dudas de tu poder,
entonces, eres vulnerable. La mejor protección es una buena autoestima.
Los pensamientos son decretos que tienden a convertirse en realidad, de aquí la
importancia de seleccionar los pensamientos porque ellos modelan la personalidad
y determinan el rumbo de la vida. Así como piensas así te sucede; por tanto, piensa
bien y se te dará lo mejor. Sin embargo, no es suficiente con pensar, es necesario
actuar y persistir en la acción.
Hoy se habla mucho de comprensión, tolerancia y perdón. Hasta hace poco estos
conceptos tenían un cariz puramente religioso, si bien, todas las madres del mundo
los han enseñado a lo largo de la historia; tal vez porque son muy intuitivas y
perciben su valor. Hoy, estas conductas son apoyadas por la psicología, porque ha
descubierto que son necesarias para sobre vivir, para el equilibrio mental. Estas
conductas ayudan a controlar los peores enemigos del ser humano. Los peores
enemigos del ser humano no están fuera, están dentro y se llaman: egoísmo, odio,
envidia, resentimiento, intransigencia..
.
Se necesitan muchas personas positivas que proyecten su poder mental sobre los
demás. El poder mental no tiene sentido si no es para ser proyectado sobre sí y
sobre los demás; así como el sol sólo tiene sentido en la medida que irradia su luz.
El día que deje de irradiar será un astro muerto.
De todo lo dicho concluimos que: es necesario tomar conciencia de nuestro poder
mental y aprender a controlar el pensamiento, los sentimientos, el lenguaje y las
decisiones, porque ellos determinan nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar.
Somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hablamos y lo que hacemos. De
aquí la importancia y la responsabilidad de seleccionar los contenidos mentales y de
ser congruentes con ellos.